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ACAPULCO

MEXICO

Acapulco, la “Perla del Pacífico”, es una ciudad que nunca duerme. Con sus días de sol y su agitada vida nocturna palpita algarabía las 24 horas. Sus playas de arena suave, sus aguas claras de color turquesa, así como su soberbia infraestructura turística, son solo algunas de las razones que la han convertido en uno de los destinos turísticos más importantes de México y el mundo.

En sus costas de exótica belleza han recalado desde piratas hasta reyes, y más allá de las razones de su visita, de lo que no hay dudas es que todos ellos quedaron subyugados por la geografía de paraíso de este destino turístico, que recién se presentó al mundo en 1927, cuando una autopista cruzó las montañas, quizás, para refrescarse también en sus playas maravillosas.

Con la autopista no solo llegó una riada de gente, sino hasta varias constelaciones de estrellas del firmamento hollywoodense y del jet set internacional, quienes en las décadas del 60 y 70 comenzaron a ser seducidos por el eterno verano y las cautivantes playas de Acapulco, el destino engreído del estado de Guerrero, localizado a solo 326 kilómetros de México DF.

Hablar del origen de esta tierra de sempiterno placer es remontarnos en el tiempo hasta el año 3,000 ac, cuando fue colonizada por los indios nahua, quienes la bautizaron como Acapulco, palabra que traducida al español significa “lugar de cañas gruesas”, un nombre bastante austero y discreto, si se considera la insoslayable hermosura de sus costas.

Tiempo después, cuando Hernán Cortés llegó a esta bahía en 1530 -luego de derrotar a los aztecas- se quedó prendado del lugar no solo por sus encantos naturales sino también por su estratégica posición geográfica, que la convertiría en un nexo en la ruta marítima entre las Filipinas y España, y, de paso, en uno de los blancos preferidos de los piratas.

La prosperidad de este importante centro naviero y comercial llegó a su fin en 1818, cuando los españoles, sitiados por las fuerzas mexicanas, tuvieron que abandonar la bahía; entonces, el aura venturosa de Acapulco se eclipsó dramáticamente, hasta que sus encantos naturales la rescataron del olvido más de un siglo después.

Hoy, Acapulco se ufana de sus preciosas playas. Un rosario de arena, solaz y diversión casi infinito, que tiene entre sus cuentas playas como la Caleta y Caletilla, de aguas serenas y casi imperturbables; de la inquietante Condesa, de olas fortísimas, retadoras; o de la sofisticada Pichilingue, la favorita de las constelaciones de estrellas que aún siguen llegando.

Pero la “Perla del Pacífico” no solo es playas y cuerpos bronceados; es también diversión al límite, aventuras refrescantes debajo del mar, deportes acuáticos que desatan la adrenalina, fiestas que parecen o deberían ser interminables y gloriosos banquetes en los que sobran platillos exquisitos. Aquí los problemas son relativos; aquí, el único problema es tener que marcharse.

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