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LA PAZ

VIAJES Y TURISMO

Sosiego y quietud. Aires provincianos, voces cordiales que dan los buenos días a propios y extraños, a los vecinos y a los desconocidos que van y vienen por las calles apacibles de La Paz, la capital del estado de Baja California Sur, una ciudad de encantos subyugantes que se extiende entre el desierto peninsular y el intenso azul del mar de Cortés.

Como si fuera una joya poco exhibida, la ciudad de La Paz conserva, aún, sus mejores brillos urbanos: una Catedral de monumental belleza, varias casonas de pretérita prestancia, un malecón de añoranzas que es el palco perfecto para contemplar el encendido espectáculo del crepúsculo, una plaza que se viste de aromas gastronómicos y notas musicales en las noches tibiecitas, soñadoras, incomparables.

Y la resplandeciente belleza de esta alhaja mexicana se prolonga a sus playas de aguas transparentes, las cuales son vigiladas por una cadena de montañas con esmirriados cactus, configurando un paisaje singularmente contrastado, seductor y salvaje.

Un paraíso de arena suavemente blanca que invita a descansar y a relajarse bajo los cálidos rayos del sol, un pletórico vaivén de olas que inducen a refrescarse en sus aguas benevolentes o a practicar los más divertidos deportes náuticos. Sí, aquí, alejados del mundanal ruido, la vida se toma con calma y sin prisa. Se goza, se disfruta, se vuelve pacífica. Se marchan las preocupaciones.

Todas las playas de La Paz son exóticas y hermosas, siendo las más visitadas Pichilingue, Corumel, Tecolote y Balandra, esta última, además, es muy fotografiada porque en su amplitud de arena hay una singular formación rocosa que se asemeja a un hongo gigante.

Pero las jornadas de sol y mar no deben reducirse a los chapuzones en las playas, estas se deben prolongar a las pequeñas islas que están diseminadas a lo largo del litoral, las cuales poseen una extraordinaria fauna marina.

La más cercana a la costa es Espíritu Santo, donde el tono rojizo de la piedra caliza y el azul del océano, crean un contraste fascinante. En esta preciosa isla, visitada por turistas del todo el mundo, se puede acampar, practicar el buceo scuba, o descansar sin ataduras.

Otras alternativas que sin duda llenarán varias hojas de su bitácora viajera son las visitas a las colonias de lobos marinos que se refugian en la isla Partida, el espectacular avistamiento de ballenas (de enero a marzo), el juguetear con delfines y miles de peces tropicales en las intensas jornadas bajo las olas, entre otras actividades intensas, como el kayak y el windsurfing.

Las costas paceñas son, además, ideales para la práctica de la pesca deportiva (constantemente se organizan campeonatos) debido a la riqueza del mar de Cortés en el que abundan especies como la albacora, atún de rabo amarillo, dorado y sierra (su temporada es de marzo a setiembre).

A lo largo de su centenaria historia, La Paz, tierra famosa por sus perlas, ha sido el refugio de marinos de toda laya, incluyendo a los temidos piratas Cronwell y Drake, quienes más de una vez atracaron en sus costas; eso sí, estos furibundos hombres de mar no disfrutaron de las excelencias marinas que hoy existen, para beneplácito de los navegantes del mundo.

Al revolver las hojas del pasado de la ciudad, uno descubre con algo de sorpresa que esta fue fundada al menos cinco veces. La primera se realizó el 3 de mayo de 1535, cuando Hernán Cortés (el conquistador de México) arribó a la península de Baja California, iniciándose una serie de enfrentamientos entre hispanos y lugareños (se dice que vestían atuendos elaborados con perlas).

Después de 60 años, Sebastián Vizcaíno “reinauguraría la ciudad”, dándole el nombre que hoy ostenta, aunque el primer centro urbano permanente recién se establecería en 1720. El calor extremo y la escasez de agua fueron dos de los factores que postergaron el desarrollo inicial de la zona.

Hoy las cosas son distintas (perdón, el calor no ha cambiado) y La Paz (a 4,310 kilómetros de la Ciudad de México y a 152 del municipio de Los Cabos) es un destino irresistible, donde el mar bendice una ciudad risueña y tranquila, simplemente amistosa, simplemente inolvidable.

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