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MERIDA

MEXICO

Al hablar de Mérida, la capital de Yucatán, un estado lejano que parece ser un apéndice de México, hay que referirse a la cultura maya, el primer pueblo en utilizar el cero en las matemáticas, la civilización creadora de uno de los calendarios más exactos del mundo y de una avanzada escritura jeroglífica.

Durante más de 30 siglos Yucatán es el hogar de los mayas y sus descendientes, una raza que sabe de grandezas pero también de tragedias y disputas violentísimas, como la conquista española o la guerra de las Castas, una pugna producida en el siglo XIX, a raíz de las desigualdades sociales y económicas entre los europeos y los indígenas.

El resultado de las luchas causa escalofríos hasta hoy: la mitad de los nativos murieron en los crueles enfrentamientos. Tragedia y dolor en tierras yucatecas. Un pueblo mermado, mustio y melancólico que parecía condenado a desaparecer; sin embargo, la cultura y las raíces de este antiguo pueblo sobrevivieron y aún se mantienen vigentes.

Yucatán y su capital Mérida conservan lo mejor de su pasado prehispánico y colonial. Maravillosos complejos mayas a base de piedra, con escaleras casi interminables y templos en los que se rendía culto a los dioses antiguos, pero también iglesias de líneas primorosas y un pasaje “sembrado” con palacios de ensueño, que parecen ser extraídos de un libro de cuentos.

Y es que Mérida impresiona y abruma a la vez. Sus soberbios edificios de trazo hispano y sus espléndidos palacios y exquisitas haciendas coloniales o surgidas durante el boom de una fibra vegetal llamada henequén, despiertan la admiración de propios y extraños, pero también son la fría evidencia de una historia llena de injusticias y marginación a los indígenas.

Contradicciones en el surgimiento de Mérida: destruir y construir, tirarse abajo los santuarios y palacios de la ciudad maya de T’ho, un alarde arquitectónico que impresionó al fundador hispano Francisco de Montejo, “El Mozo”, con la finalidad de utilizar esas mismas piedras en la edificación de esas casonas e iglesias coloniales que enorgullecen a la capital actual del estado de Yucatán, creada el 6 de enero de 1542.

Irónicamente, fue el parecido de los recintos mayas con las ruinas romanas que existen en la ciudad de Mérida en España, lo que inspiró a los conquistadores a la hora de bautizar al primer asentamiento ibérico en la península de Yucatán; pero la evocación y el recuerdo de su tierra lejana no amenguó los afanes destructivos de los recién llegados.

De los tiempos coloniales sobreviven magníficos monumentos, como la Catedral de San Ildefonso, de finales del siglo XVI y de logrado estilo plateresco; o la Casa de Montejo, notable ejemplo de la arquitectura civil de mediados del siglo XVI, donde viviera el conquistador y fundador de la ciudad.

Otras joyas emblemáticas del centro urbano de Mérida se encuentran en el Paseo de Montejo, en el que sobresale el Palacio Cantón, una majestuosa residencia de características barrocas manieristas, que fuera de propiedad del General Francisco Cantón, uno de los señores enriquecidos por el henequén, la fibra vegetal que a finales del siglo XIX y principios del XX fuera un boom económico y comercial.
La riqueza generada por el llamado “oro verde de Yucatán” solo beneficio a unos pocos, generalmente hacendados codiciosos, que gastaban a manos llenas para satisfacer sus caprichos y lujos, pero, a la vez, se mostraban mezquinos frente a los peones mayas, obligados a dejar su piel en las plantaciones sin recibir ningún tipo de beneficio económico.

Pero Mérida no es solo un destino de rasgos coloniales. En su espacio urbano existen huellas prehispánicas como las esculturas mayas de la antigua T’ho, conocida también como Ichcaanziho (Cinco Cerros), y, a solo 120 kilómetros, se encuentran las pirámides y templos de Chichen Itzá, la incomparable ciudad prehispánica de carácter religioso.

Dentro del complejo arqueológico resaltan la pirámide de Kukulkán o El Castillo, considera una de las maravillas de la arquitectura maya, en razón a sus magníficas proporciones relacionadas con la medición del tiempo; o el hermoso templo de los Guerreros, con sus formidables esculturas de piedra.

Los mayas, una civilización que se extendió en los actuales territorios de México y Guatemala, también legaron a la humanidad la ciudadela de Uxmal, con templos y palacios de diseños espléndidos; además del valiosísimo complejo de Dzibilchaltún, con sus más de 8 mil construcciones de piedra. Se encuentra a tan solo 22 kilómetros de la blanca capital yucateca.

Una visita a Mérida -ciudad localizada a 510 kilómetros de la Ciudad de México- debe incluir un recorrido por las playas de Progreso, un imán turístico de arena y mar; y el puerto de Celestún, un paraíso para los amantes de la vida silvestre, con manglares, islas y lagunas que albergan una gran variedad de flora y fauna.

Por ser la capital de Yucatán, la ciudad cuenta con una desarrollada infraestructura turística con hoteles y restaurantes de clase internacional, algunos de los cuales funcionan en los elegantes palacios señoriales, que hicieron de Mérida el “París del Nuevo Mundo”.

Conocer para no olvidar. Visitar pirámides y templos, iglesias y casonas, todas impactantes, todas hermosas; entonces, el viajero siente que un recuerdo imborrable comienza a fijarse en su memoria: el recuerdo de Mérida y su inquietante historia, de Mérida y sus palacios, de Mérida y su impronta maya y su herencia colonial. Mérida y su rostro mestizo… el rostro del México actual.

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