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Queretaro Mexico

QUERETARO

VIAJES Y TURISMO

Caminar y detenerse. Observar: ¿una casona de arquitectura imponente?, ¿un ostentoso complejo religioso con fachada de cantera?… Volver a andar por calles evocadoras. Sorprenderse, admirar, sentir que te diriges a rincones cargados de recuerdos, a salones donde se tramaron conspiraciones, y, también, a un histórico campo de batalla en el que el mismísimo Apóstol Santiago habría combatido.

Andar de un lado para el otro. Develando en cada paso los atractivos y la historia de Querétaro, con sus raíces mesoamericanas y de semblante arquitectónico novohispano. La ciudad en la que se gestó la lucha independentista mexicana y se promulgó la constitución del país.

Querétaro, capital del estado del mismo nombre, es una magnífica opción turística en el centro de México, porque la variedad de sus atractivos transcienden a la monumentalidad de su entrañable Centro Histórico, para internarse en los insondables misterios de sus complejos arqueológicos.

Localizada a más de 220 kilómetros de la Ciudad de México, su nombre proviene del vocablo “queréndaro” de la lengua purépacha, que se traduce al español como “el mayor juego de la pelota” o “lugar de peñas”, términos que reafirman su origen prehispánico, cuando la zona era habitada por los otomíes, purépechas, tarasco y chichimecas, pueblos de menor desarrollo que los aztecas.

Antes de la llegada de los españoles, Querétaro era la frontera entre los pueblos sedentarios del sur -dedicados a la agricultura- y los grupos nómadas del norte, como los chichimecas -palabra traducida como los “chupadores de sangre”-. Por su “primitivismo” y vida errante, estos eran desdeñados por los aztecas, quienes llegaron a la zona en los primeros años inicios del siglo XV.

La fundación española de Querétaro se produjo luego de una cruenta lucha entre los chichimecas y los conquistadores ibéricos. La confrontación se desarrolló en la cima del cerro Sangremal, el 5 de julio de 1531. Según las crónicas de los frailes franciscanos, el Apóstol Santiago -patrono del ejército español- apareció en el fragor de la batalla, decidiendo el triunfo hispano.

En agradecimiento a la intervención divina la naciente ciudad recibió el nombre de Santiago de Querétaro, siendo uno de sus principales vecinos el indígena converso Conín, bautizado como Fernando de Tapia, quien se alió con el español Hernán Pérez Bocanegra, para enfrentar a los chichimecas.

En poco tiempo el modesto pueblo de indios se convirtió en una de las ciudades más opulentas de la Nueva España, la tercera después de México y Puebla. Su crecimiento se sustentaba en su estratégica ubicación geográfica, que la convertía en la puerta de entrada al norte del país, zona dominada por “pueblos bárbaros de tierra dentro” que “urgían ser evangelizados”.

La tarea evangelizadora fue asumida por los religiosos franciscanos, carmelitas, jesuitas y dominicos, quienes, antes de iniciar su laboriosa tarea en las zonas aisladas, erigieron templos y conventos monumentales en Querétaro, en los que predominan los estilos barrocos y neoclásicos.

Asombrosos recintos religiosos como el templo y ex convento de San Agustín, una de las mayores obras jesuitas en la Nueva España, el templo y ex convento de Santa Rosa de Viterbo, con su soberbio decorado interior y exquisitos retablos, o, el exagerado barroquismo del templo de Santa Clara.

El derroche y la suntuosidad arquitectónica rebasaron los claustros religiosos, para plasmarse en las casonas y palacios de raigambre colonial y en grandiosas obras civiles como los acueductos, concebidos para proveer de agua a la ciudad, los mismos que por su magnificencia se han convertido en la actualidad en los símbolos urbanos queretanos.

Pero Querétaro no solo fue una importante urbe colonial, sino uno de los principales escenarios de la gesta independentista, porque en la llamada Casa de la Corregidora -hoy Palacio de Gobierno- se realizaron las reuniones conspirativas que desencadenaron el famoso Grito de Dolores, el acto que marcó el inicio de la emancipación mexicana. Ya en los extramuros de la ciudad, se debe visitar la pirámide del Cerrito, recinto religioso considerado uno de los más importantes de la zona central de México. Otros vestigios de sumo interés son las soberbias zonas arqueológicas de Ranas y Toluquilla, en las montañas de la Sierra Gorda. Ambos lugares tuvieron gran influencia económica, política y religiosa en los pueblos aledaños.

Antes de alejarse de Querétaro, el viajero debe tomarse un tiempo para recorrer el rosario de pueblos sosegados, con callecitas estrechas y hermosas iglesias coloniales, localizados en las afueras de ciudad. Los más representativos son San Juan del Río, con sus hermosas construcciones barrocas y Tequesquiapán, con sus innumerables estalactitas y estalagmitas.

Con una temperatura promedio de 22 grados centígrados, Querétaro -Patrimonio cultural de la Humanidad desde 1996- cuenta con una variedad de atractivos que nos hablan del espíritu creador y el empuje de sus habitantes, quienes afrontaron más de una dificultad para esculpir palmo a palmo una ciudad que deslumbra y fascina al viajero.

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